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¿Por qué nuestra alimentación es importante para la salud?

Comemos todos los días, varias veces al día. Sin embargo, muchas veces pensamos en nutrición únicamente cuando queremos bajar de peso, mejorar algún examen de laboratorio o cuando aparece un problema de salud.

La nutrición tiene un alcance mucho más amplio.

Nuestra alimentación proporciona la energía y los nutrientes necesarios para mantener funciones esenciales del organismo, formar y reparar tejidos, sostener la actividad física y participar en numerosos procesos metabólicos. A largo plazo, la forma en que nos alimentamos también se relaciona con el riesgo de desarrollar distintas enfermedades.

Por eso, hablar de una alimentación adecuada no significa solamente hablar de peso. Significa hablar de salud, funcionamiento y calidad de vida.

ALIMENTARSE BIEN ES MUCHO MÁS QUE CONTROLAR EL PESO

Durante años, gran parte de la conversación sobre nutrición se ha concentrado en las calorías y el peso corporal. Ambos pueden ser relevantes en determinados contextos, pero no describen por sí solos el estado nutricional de una persona.

Una alimentación adecuada debe aportar energía, proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales, fibra y otros componentes en cantidades compatibles con las necesidades individuales.

Estas necesidades tampoco permanecen constantes durante toda la vida. Cambian según la edad, sexo, composición corporal, nivel de actividad física, embarazo, envejecimiento, presencia de enfermedades y muchos otros factores.

Por ello, dos personas pueden necesitar estrategias nutricionales diferentes aun cuando tengan un peso similar.

La evaluación nutricional permite precisamente superar la idea de que alimentarse bien consiste simplemente en “comer menos” o seguir una dieta determinada.

IMPORTA LO QUE COMEMOS, PERO TAMBIÉN NUESTRO PATRÓN DE ALIMENTACIÓN

En investigación nutricional resulta cada vez más relevante estudiar patrones alimentarios completos.

Esto ocurre porque las personas no consumimos nutrientes de manera aislada. Comemos alimentos y combinamos esos alimentos a lo largo de días, meses y años.

La evidencia disponible muestra que patrones caracterizados por una mayor presencia de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y otras fuentes de alimentos de buena calidad nutricional se asocian con mejores resultados de salud.

Una amplia revisión publicada en The Lancet estimó que determinados factores dietarios —como un consumo elevado de sodio o una ingesta insuficiente de cereales integrales y frutas— contribuyen de manera importante a la carga mundial de enfermedades no transmisibles (GBD 2017 Diet Collaborators, 2019).

Esto ayuda a comprender por qué la nutrición tiene un papel relevante no solamente frente a enfermedades ya diagnosticadas, sino también en promoción de la salud y prevención.

NUTRICIÓN Y PREVENCIÓN DE ENFERMEDADES

La alimentación se relaciona con algunos de los principales problemas de salud de la población.

Existe evidencia consistente sobre la importancia de los patrones alimentarios en la prevención y manejo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión y otros trastornos metabólicos.

Un ejemplo ampliamente estudiado es el patrón de alimentación mediterráneo. En el ensayo PREDIMED, realizado en personas con alto riesgo cardiovascular, una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva extra virgen o frutos secos se asoció con una menor incidencia de eventos cardiovasculares mayores en comparación con el grupo control (Estruch et al., 2018).

Esto no significa que exista una única dieta que todas las personas deban seguir.

Los resultados de estos estudios permiten identificar principios nutricionales útiles, pero las recomendaciones deben adaptarse a las características de cada individuo.

LA ALIMENTACIÓN TAMBIÉN SE RELACIONA CON CÓMO NOS SENTIMOS

Los efectos de la nutrición tampoco terminan en nuestra salud cardiovascular o metabólica.

Durante los últimos años se ha investigado con creciente interés la relación entre alimentación y salud mental.

Un metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados encontró que las intervenciones destinadas a mejorar la calidad de la alimentación producían una reducción pequeña pero significativa de los síntomas depresivos, aunque los resultados respecto de la ansiedad fueron menos concluyentes (Firth et al., 2019).

Estos hallazgos no significan que una dieta pueda sustituir el tratamiento de un problema de salud mental. Más bien refuerzan una idea más amplia: nuestro organismo funciona como un sistema integrado y la nutrición constituye una de las dimensiones que pueden contribuir a nuestro bienestar general.

COMER TAMBIÉN FORMA PARTE DE NUESTRA VIDA COTIDIANA

Existe además una dimensión de la alimentación que no puede reducirse a nutrientes.

Comemos por necesidad fisiológica, pero también por placer, costumbre, disponibilidad, cultura y convivencia social. Celebramos alrededor de la comida, compartimos alimentos y construimos hábitos que muchas veces nos acompañan durante años.

Por eso, una alimentación saludable debería ser también realista y sostenible.

Seguir durante algunas semanas una pauta extremadamente restrictiva difícilmente representa una solución si resulta incompatible con nuestra vida cotidiana.

Tampoco es necesario clasificar cada alimento como “bueno” o “malo”. Una elección puntual rara vez determina por sí sola la calidad de nuestra alimentación. Resulta más útil observar el patrón general, la frecuencia, las cantidades, la variedad y el contexto.

¿EXISTE ENTONCES UNA ALIMENTACIÓN PERFECTA?

No.

Y probablemente buscarla sea una mala forma de aproximarse a la nutrición.

Las necesidades nutricionales dependen de múltiples características individuales. También intervienen nuestras preferencias, cultura, disponibilidad de alimentos, horarios, actividad física, condiciones económicas y objetivos personales.

Por eso, una recomendación que funciona adecuadamente para una persona puede no ser apropiada para otra.

La nutrición basada en evidencia no debería consistir en aplicar dietas idénticas a todas las personas, sino en utilizar el conocimiento científico para construir recomendaciones que respondan a necesidades reales e individuales.

¿CUÁNDO PUEDE SER ÚTIL CONSULTAR A UN NUTRICIONISTA?

No es necesario esperar a tener una enfermedad o querer modificar el peso corporal.

Una evaluación nutricional puede ser útil para conocer si nuestra alimentación cubre adecuadamente nuestras necesidades, mejorar hábitos, adaptar la alimentación a distintas etapas de la vida, acompañar la práctica deportiva o abordar requerimientos asociados a determinadas condiciones de salud.

También puede ser pertinente cuando existen cambios importantes de peso o apetito, dificultades para organizar las comidas, restricciones alimentarias, síntomas asociados a determinados alimentos o dudas respecto del uso de suplementos.

El objetivo dependerá de cada persona.

Por eso, quizás una pregunta más útil que:

“¿Estoy comiendo bien o mal?”

sea:

“¿Mi alimentación actual responde adecuadamente a mis necesidades, mi salud y mi estilo de vida?”

Responder esa pregunta requiere mirar más allá de una dieta, un alimento o un número en la balanza.

La nutrición es una parte fundamental del cuidado de nuestra salud a lo largo de toda la vida.

REFERENCIAS

Estruch, R., Ros, E., Salas-Salvadó, J., Covas, M. I., Corella, D., Arós, F., Gómez-Gracia, E., Ruiz-Gutiérrez, V., Fiol, M., Lapetra, J., Lamuela-Raventos, R. M., Serra-Majem, L., Pintó, X., Basora, J., Muñoz, M. A., Sorlí, J. V., Martínez, J. A., Fitó, M., Gea, A., ... Martínez-González, M. A. (2018). Primary prevention of cardiovascular disease with a Mediterranean diet supplemented with extra-virgin olive oil or nuts. The New England Journal of Medicine, 378, e34. https://doi.org/10.1056/NEJMoa1800389

Firth, J., Marx, W., Dash, S., Carney, R., Teasdale, S. B., Solmi, M., Stubbs, B., Schuch, F. B., Carvalho, A. F., Jacka, F., & Sarris, J. (2019). The effects of dietary improvement on symptoms of depression and anxiety: A meta-analysis of randomized controlled trials. Psychosomatic Medicine, 81(3), 265–280. https://doi.org/10.1097/PSY.0000000000000673

GBD 2017 Diet Collaborators. (2019). Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990–2017: A systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017. The Lancet, 393(10184), 1958–1972. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(19)30041-8

Reynolds, A., Mann, J., Cummings, J., Winter, N., Mete, E., & Te Morenga, L. (2019). Carbohydrate quality and human health: A series of systematic reviews and meta-analyses. The Lancet, 393(10170), 434–445. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)31809-9

Schulze, M. B., Martínez-González, M. A., Fung, T. T., Lichtenstein, A. H., & Forouhi, N. G. (2018). Food based dietary patterns and chronic disease prevention. BMJ, 361, k2396. https://doi.org/10.1136/bmj.k2396

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