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¿Cómo saber cuándo es momento de pedir ayuda psicológica?

Muchas personas asocian la consulta psicológica con la presencia de un trastorno mental o con momentos de crisis. Sin embargo, no es necesario tener un diagnóstico ni experimentar un malestar extremo para consultar a un profesional de la psicología.

La psicoterapia también puede ser útil cuando queremos comprender mejor lo que sentimos, desarrollar herramientas para manejar determinadas situaciones, afrontar cambios importantes o modificar patrones emocionales, conductuales o relacionales que nos generan dificultades.

LAS EMOCIONES FORMAN PARTE DE NUESTRA VIDA

Sentir tristeza, ansiedad, rabia, miedo o frustración no significa necesariamente que exista un problema psicológico. Las emociones cumplen funciones importantes: nos ayudan a responder al entorno, orientar nuestras decisiones y adaptarnos a distintas situaciones.

Sin embargo, no siempre resulta sencillo identificar lo que sentimos, comprender por qué reaccionamos de determinada manera o manejar la intensidad y duración de algunas emociones.

Aquí aparece un concepto importante: la regulación emocional.

La regulación emocional comprende los procesos mediante los cuales influimos sobre nuestras emociones: cuáles experimentamos, cuándo aparecen y cómo las vivimos y expresamos (Gross, 1998; Gross, 2015).

Regular una emoción no significa eliminarla, evitarla o intentar sentirse bien permanentemente. Implica disponer de estrategias suficientemente flexibles para responder a nuestras experiencias emocionales de acuerdo con la situación y nuestros objetivos.

¿CUÁNDO PUEDEN APARECER DIFICULTADES DE REGULACIÓN EMOCIONAL?

En algunos momentos podemos sentir que nuestras emociones son particularmente difíciles de manejar. Por ejemplo:

  • sentirnos sobrepasados con facilidad;
  • reaccionar de manera más intensa de lo que quisiéramos;
  • permanecer durante mucho tiempo preocupados o dando vueltas sobre una misma situación;
  • evitar determinadas experiencias por las emociones que podrían producirnos;
  • tener dificultades para identificar o expresar lo que sentimos;
  • experimentar frustración, irritabilidad o ansiedad con frecuencia;
  • tener dificultades para comunicar nuestras necesidades;
  • repetir determinadas formas de reaccionar que afectan nuestras relaciones o bienestar.

Experimentar alguna de estas situaciones no significa necesariamente que exista un trastorno psicológico.

Las dificultades de regulación emocional pueden presentarse en distintos momentos de la vida y con diferentes niveles de intensidad. Al mismo tiempo, la investigación ha mostrado que determinadas dificultades y estrategias de regulación emocional se relacionan con diversos problemas de salud mental, por lo que actualmente la regulación emocional se considera un proceso relevante para comprender múltiples formas de malestar psicológico (Aldao et al., 2010; Sloan et al., 2017).

ENTONCES, ¿CUÁNDO PUEDE SER ÚTIL CONSULTAR?

No existe una única regla.

Una consulta psicológica puede ser útil cuando sentimos que algún aspecto de nuestra vida emocional, nuestras relaciones o nuestra forma de afrontar determinadas situaciones podría comprenderse o manejarse mejor.

También puede ser pertinente durante períodos de cambio: comenzar o terminar una relación, enfrentar dificultades familiares o laborales, asumir nuevas responsabilidades, atravesar un duelo, adaptarse a una nueva etapa de la vida o tomar decisiones importantes.

En estos casos, el objetivo de consultar no necesariamente es tratar una enfermedad. Puede consistir en comprender lo que nos ocurre, desarrollar nuevas estrategias de afrontamiento, mejorar nuestra regulación emocional o trabajar sobre determinados patrones de comportamiento y relación.

¿Y CUÁNDO ES ESPECIALMENTE IMPORTANTE CONSULTAR?

Aunque no es necesario esperar a que exista un problema grave, hay situaciones en las que buscar una evaluación profesional cobra especial relevancia.

Puede ser recomendable consultar cuando el malestar:

  • persiste durante un período prolongado;
  • resulta difícil de manejar;
  • aumenta progresivamente;
  • interfiere significativamente con el trabajo, los estudios o las actividades cotidianas;
  • afecta de manera importante las relaciones interpersonales;
  • produce cambios relevantes en el sueño, la alimentación o el funcionamiento habitual;
  • lleva a abandonar actividades que anteriormente eran importantes o satisfactorias.

La Organización Mundial de la Salud señala que los trastornos mentales se caracterizan por alteraciones clínicamente significativas de la cognición, la regulación emocional o el comportamiento, generalmente asociadas con malestar o deterioro significativo en áreas importantes del funcionamiento (World Health Organization, 2025).

La presencia de estas dificultades no permite por sí sola establecer un diagnóstico. La evaluación debe ser realizada por un profesional capacitado.

NO ES NECESARIO ESPERAR A ESTAR MAL

Quizás una de las ideas más importantes es que la atención psicológica no tiene que comenzar únicamente cuando una situación se vuelve insostenible.

Consultar también puede tener un propósito preventivo y de desarrollo personal. Aprender a reconocer nuestras emociones, comprender nuestros patrones de respuesta y ampliar nuestras estrategias para enfrentar situaciones difíciles puede ser útil incluso cuando seguimos funcionando adecuadamente en nuestra vida cotidiana.

Por eso, más que preguntarnos únicamente:

“¿Estoy suficientemente mal como para necesitar ayuda?”

puede ser más útil preguntarnos:

“¿Hay algún aspecto de mi vida emocional, mis relaciones o mi manera de afrontar las dificultades que quisiera comprender o manejar mejor?”

Si la respuesta es sí, una consulta con un profesional puede ser un espacio para evaluar lo que está ocurriendo y determinar, conjuntamente, si existe alguna necesidad de intervención.

REFERENCIAS

Aldao, A., Nolen-Hoeksema, S., & Schweizer, S. (2010). Emotion-regulation strategies across psychopathology: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 30(2), 217–237. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2009.11.004

Gross, J. J. (1998). The emerging field of emotion regulation: An integrative review. Review of General Psychology, 2(3), 271–299. https://doi.org/10.1037/1089-2680.2.3.271

Gross, J. J. (2015). Emotion regulation: Current status and future prospects. Psychological Inquiry, 26(1), 1–26. https://doi.org/10.1080/1047840X.2014.940781

Sloan, E., Hall, K., Moulding, R., Bryce, S., Mildred, H., & Staiger, P. K. (2017). Emotion regulation as a transdiagnostic treatment construct across anxiety, depression, substance, eating and borderline personality disorders: A systematic review. Clinical Psychology Review, 57, 141–163. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2017.09.002

World Health Organization. (2025). Mental disorders. World Health Organization.

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